viernes, 2 de noviembre de 2018

El Mundo Te Esta Esperando | Louise L. Hay _pdf

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Introducción

En primer lugar te pido que tengas presente que todos los profesores y profesoras que encuentres en tu vida representan sólo una etapa en tu camino de crecimiento. Esto también me incluye a mí. No soy sanadora no sano a nadie. Estoy aquí para ayudarte a que recapacites por ti misma haciéndote partícipe de mis ideas. Te insto a leer todos los libros que puedas y a estudiar con muchos profesores, porque ninguna persona sola ni ningún sistema por sí mismo pueden abarcarlo todo. La vida es demasiado compleja para comprenderla en su totalidad; además, la propia vida siempre está creciendo, expandiéndose, haciéndose más vida. Así pues, coge de este libro lo que te parezca mejor. Asimílalo, utilízalo y pasa a las ideas de otros profesores. No dejes de expandir y profundizar continuamente tu propia comprensión de la Vida. A todas las mujeres, entre ellas tú y yo, las han hecho sentirse avergonzadas y culpables desde la infancia. Nuestros padres y la sociedad nos han programado para pensar y comportarnos de cierta manera; para ser mujeres, con todas las normas, reglamentos y frustraciones que eso comporta. Algunas mujeres se sienten muy contentas desempeñando ese papel. Pero muchas no.

La vida viene en oleadas, en experiencias de aprendizaje y períodos de evolución. Ahora estamos en un período de maravillosa evolución. Durante muchísimo tiempo las mujeres hemos estado sometidas a los caprichos y sistemas de creencias de los hombres. Se nos decía qué podíamos hacer, cuándo hacerlo y cómo. Recuerdo que cuando era pequeña me enseñaron que debía caminar dos pasos detrás de un hombre, tomarlo como guía y preguntarle: «¿Qué debo pensar, qué debo hacer?». Es evidente que no me lo dijeron con esas palabras, pero yo observaba a mi madre y eso era lo que ella hacía, de forma que ese fue el comportamiento que aprendí. Su ambiente y experiencias le habían enseñado a obedecer totalmente a los hombres, por lo que los malos tratos le parecían algo normal, y a mí también. Este es un ejemplo perfecto de cómo aprendemos nuestros comportamientos: aceptando y repitiendo los comportamientos y creencias que hemos aprendido de nuestros padres. Tardé muchísimo tiempo en comprender que ese comportamiento no era normal, y que tampoco era lo que yo me merecía como mujer. Por eso, a medida que fui cambiando lentamente mi sistema de creencias (mi conciencia) comencé a adquirir dignidad y autoestima. Al mismo tiempo, mi mundo exterior cambió y dejé de atraer a hombres dominantes y abusivos. La conciencia de su dignidad, su valor y su autoestima son las cosas más importantes que puede poseer una mujer. Si se carece de esas cualidades, habrá que desarrollarlas. Cuando nuestro sentido de la dignidad está fortalecido, no aceptamos que nos sitúen en una posición de inferioridad ni que nos maltraten o abusen de nosotras. Sólo nos sometemos al dominio de otras personas cuando aceptamos y creemos que «no valemos nada o que somos indignas. 

Ahora deseo concentrar mi trabajo en ayudar a las mujeres a que sean todo lo que pueden ser y a que encuentren realmente una posición de igualdad en este mundo. Deseo contribuir a que todas las mujeres tengamos amor propio, dignidad, conciencia de nuestra valía, autoestima y un lugar poderoso en la sociedad. Esto no significa, ni mucho menos, menospreciar a los hombres, sino todo lo contrario, conseguir la igualdad entre los sexos, lo cual beneficia a todos. Mientras leas y trabajes con este libro, recuerda que cuesta mucho cambiar las creencias y las actitudes ¿Cuánto tiempo se necesita? Es como preguntar: ¿Cuánto tardaré en comprender y aceptar nuevas ideas? Eso varía según cada persona. Así pues, no le pongas limitaciones a tu progreso, no te fijes un tiempo determinado; simplemente haz el trabajo lo mejor que puedas y el Universo, con su infinito conocimiento, te guiará en la dirección correcta. Paso a paso, momento a momento, día a día, la práctica nos llevará adonde queramos ir.

Para comenzar: 


Nos queda mucho por hacer y mucho por aprender 


Quiero ofrecerte un ejemplo perfecto de cómo antes se programaba a las mujeres. A continuación puedes leer un fragmento de un texto copiado de un manual de economía doméstica que corría por un colegio de segunda enseñanza en los años cincuenta. ¡No es broma!

1. Ten la cena lista. Planifica con anticipación, incluso la noche antes, una deliciosa comida. Es una buena manera de hacerle saber que has estado pensando en él y te preocupas de su bienestar. La mayoría de los hombres tienen hambre cuando llegan a casa, y la perspectiva de encontrarse una suculenta comida ya preparada, forma parte de la acogedora bienvenida que necesitan.

2. Prepárate. Tómate 15 minutos para descansar, de modo que estés renovada cuando llegue. Maquíllate, ponte una cinta en el pelo y ten un aspecto animado. Tu marido ha estado tratando con muchas personas agotadas por el trabajo; por eso tú debes mostrarte alegre y algo más interesante. Tal vez necesita animarse después de un día aburrido.

3. No olvides ordenar la casa. Poco antes de que llegue tu marido haz un último recorrido por las principales habitaciones de la casa, recoge los libros del colegio, los juguetes, papeles, etcétera. Después quita el polvo de los muebles. De este modo, él sentirá que ha llegado a un refugio de reposo y orden, y eso te animará a ti también.

4. Prepara a los niños. Dedica algunos minutos a arreglar a los niños, lavarles las manos y la cara (si son pequeños), peinarlos y, si es necesario, cambiarles la ropa. Ellos son pequeños tesoros y a él le gustará verlos de este modo.

5. Procura que en la casa reine el silencio. En el momento de su llegada elimina todos los ruidos: el de la lavadora, la secadora, el lavavajillas o el aspirador. Intenta que los niños estén callados. Muéstrate feliz de verle. Salúdalo con una cariñosa sonrisa y alégrate de que haya llegado.

6. Algunos noes. No lo recibas con problemas ni quejas. No te enfades si llega tarde a cenar. Considéralo una insignificancia comparado con todo lo que él tal vez ha tenido que hacer durante el día. Ocúpate de que se sienta a gusto. Hazlo sentarse en un cómodo sillón o echarse en el dormitorio. Tenle lista una bebida fría o caliente. Arréglale la almohada y ofrécete a quitarle los zapatos. Habla en voz baja, dulce, tranquilizadora y agradable. Déjalo que descanse y se relaje.

7. Escúchalo. Tienes un montón de cosas que decirle, pero cuando acaba de llegar no es el momento adecuado. Deja que hable él primero.

8. Haz la noche suya. Nunca te quejes si no te lleva a cenar fuera o a otra salida agradable. Trata de comprender su mundo de esfuerzos y apremios, su necesidad de relajarse y descansar.

No hay nada malo en estas recomendaciones si eso es lo que la mujer desea hacer. El problema estaba en que casi todas las jóvenes de ese tiempo eran programadas para negarse totalmente a sí mismas y agradar así a sus maridos. Esta era la manera como debía comportarse una «mujer buena». Fabuloso para los hombres, pero no tanto para las mujeres. Sin embargo, en la actualidad somos nosotras las que debemos recapacitar sobre nuestras vidas.


 

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