jueves, 8 de noviembre de 2018

50 sombras mas oscuras - pdf

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Capítulo 1 

Abía sobrevivido al día tres después de Christian y mi primer día de trabajo. Era una distracción bienvenida. El tiempo había volado en una neblina de nuevos rostros, trabajo por hacer, y el Sr. Jack Hyde. El Sr. Jack Hyde... me sonríe hacia abajo, sus ojos azules centelleando mientras se apoya contra mi escritorio. 

Excelente trabajo, Ana. Pienso que haremos un gran equipo. De alguna manera, me las arreglo para curvar mis labios hacia arriba en una semblanza de sonrisa. 

Me voy, si eso está bien para ti murmuro. 

Por supuesto, son las cinco treinta. 

Te veré mañana. 

Buenas noches, Jack. 

Buenas noches, Ana. 

Recogiendo mi bolso, me encojo de hombros en mi chaqueta y me encamino a la puerta. Afuera, en el aire de la tarde en Seattle, tomo una respiración profunda. No es suficiente para llenar el vacío en mi pecho, un vacío que ha estado presente desde el sábado por la mañana, un doloroso vacío, recordatorio de mi pérdida. Camino a la parada del autobús con la cabeza hacia abajo, mirando hacia mis pies y contemplando la carencia de mi amada Wanda, mi viejo escarabajo... o el Audi. 

Cierro la puerta de golpe inmediatamente a ese pensamiento. No. No pensaré en él. Por supuesto. Puedo permitirme un coche… uno lindo, un nuevo auto. Sospecho que ha sido demasiado generoso en el pago, y el pensamiento deja un sabor amargo en mi boca. Lo descarto y trato de mantener mi mente entumecida y tan en blanco como me es posible. No puedo pensar en él. No quiero empezar a llorar otra vez, no en la calle.

El apartamento está vacío. Extraño a Kate. La imagino recostada en la playa en Barbados bebiendo un coctel frío. Enciendo la televisión de pantalla plana entonces hay ruido para llenar el vacío y ofrecer alguna semblanza de compañía, pero no estoy escuchando o viendo. Me siento y miro fijamente la pared de ladrillo. Estoy entumecida. No siento nada excepto el dolor. ¿Cuánto tiempo soportaré esto? 

El timbre de la puerta me despierta de mi angustia, y mi corazón da un vuelco. ¿Quién puede ser? Presiono el intercomunicador. 

—Entrega para la Srta. Steele. 

—Una cansada, incorpórea voz responde, y la decepción choca contra mí. Lánguidamente hago mi camino escaleras abajo y encuentro a un joven masticando ruidosamente goma de mascar, sujetando una caja de cartón grande, y apoyándose contra la puerta principal. Firmo por el paquete y lo llevo escaleras arriba. La caja es enorme y sorprendentemente ligera. Dentro hay dos docenas de rosas blancas de largos tallos recortados y una tarjeta. Felicitaciones por tu primer día de trabajo. Espero que estuviera bien. Y gracias por el planeador. Fue muy considerado. 

Tiene un lugar privilegiado en mi escritorio. Christian Miro fijamente la tarjeta tipeada, el agujero en mi pecho expandiéndose. No hay duda, su asistente las envió. Christian probablemente tiene poco que ver con esto. Es demasiado doloroso pensar acerca de ello. Examino las rosas. Son hermosas, y no puedo obligarme a tirarlas a la basura. Obedientemente, hago mi camino dentro de la cocina para tratar de encontrar un florero



 

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