lunes, 4 de junio de 2018

El abc Para Crear Equipos De negocios Èxitoso - pdf

ROBERT-KIYOSAKI



 El 3 de enero de 2003, el equipo de fútbol americano de la universidad de Ohio se enfrentó a los campeones nacionales, Huracanes de Miami, en el Fiesta Bowl, buscando convertirse en los nuevos campeones. De acuerdo con los analistas deportivos, fue uno de los juegos más emocionantes en la historia del fútbol americano universitario. Abajo en el marcador por dos anotaciones, el equipo de Ohio recuperó el juego en dos dramáticos tiempos extra.


Como espectador de ese partido y entrenador veterano del equipo, me dejé atrapar por la emoción y la tensión del juego. Aunque más allá del partido mismo, aprendí una lección muy importante. Permítanme describir la escena brevemente. Dos grandes equipos llegaron al campo de juego. Había mucha energía. Los expertos habían hecho sus predicciones. El público estaba en el filo de sus asientos. Durante semanas, todos los fanáticos supieron que la temporada culminaría con ese duelo de titanes.

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El talento en ambas partes del campo era impresionante. La estrategia, la táctica y los planes de juego eran sencillos pero poderosos. Desde el principio del partido, parecía que cada jugador desarrollaba su máximo potencial. Ambos equipos cometieron errores, pero ninguno se distrajo por eso. El partido fluía, la emoción del público crecía a cada momento.

 Para los jugadores, pareció que su fatiga disminuye mientras el partido avanzaba. Ninguno se asustó, tampoco perdió el control. Demostraron los años de práctica, disciplina y concentración durante los minutos finales del juego. ¿Quién iba a ganar? ¿Los actuales campeones o los pobres retadores? Los equipos lucharon empatados.

El partido llegó a tiempo extra. Ambos anotaron. Luego hubo otro tiempo extra. Los fanáticos se habían vuelto locos. Parecía que estos dos equipos invictos se habían encontrado en el campo de juego para ver cuál era el equipo del "destino".

Al ver ese partido como espectador, comencé a sonreír. Conforme se aproximaba el final, estaba más seguro del resultado. ¿Por qué? Durante los años en que trabajé con grandes equipos descubrí que los grandes campeones en el deporte, los negocios y la familia tienen algo en común. Se trata legítimamente de su arma secreta.

No es una estrategia. No es un plan. No es tecnología. No es un truco o la nueva versión de una vieja artimaña. ¡Y definitivamente no es suerte! Es algo incrustado profundamente en el código genético de las organizaciones ganadoras. Es algo tan enterrado en los corazones y espíritus de los jugado- res que a veces resulta inconsciente, aunque su presencia sea innegable.
Algo que surge cuando la presión es alta, cuando los riesgos son críticos

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